domingo, 1 de octubre de 2017

pensamiento ético de Jesús de Nazaret

 LA «FILOSOFÍA DE LA VIDA» DE JESÚS DE NAZARET.

 Jesús de Nazaret.

Según las fuentes cristianas, su predicación transmitía un mensaje de esperanza especialmente dirigido a los marginados y pecadores.

Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús, Cristo o Jesucristo, es la figura central del cristianismo. Para la mayoría de las denominaciones cristianas, es el Hijo de Dios y, por extensión, la encarnación de Dios mismo. Su importancia estriba asimismo en la creencia de que, con su muerte y posterior resurrección, redimió al género humano. En el islam, donde es conocido por el nombre de Isa, lo consideran también como uno de sus profetas más importantes. Es uno de los personajes que han ejercido una mayor influencia en la cultura occidental.

... Acompañado por sus seguidores, Jesús recorrió las regiones de Galilea y Judea predicando el evangelio y realizando numerosos milagros. ...Predicó tanto en sinagogas como al aire libre, y las muchedumbres se congregaban para escuchar sus palabras. Entre sus discursos, destaca el llamado Sermón de la Montaña, en el Evangelio de Mateo (Mt 5-7). Utilizó a menudo parábolas para explicar a sus seguidores el Reino de Dios. Las parábolas de Jesús son breves relatos cuyo contenido es enigmático (a menudo han de ser después explicadas por Jesús). Tienen en general un contenido escatológico y aparecen exclusivamente en los evangelios sinópticos. Entre las más conocidas están la parábola del sembrador (Mt 13,3-9; Mc 4,3-9; Lc 8,5-8), cuyo significado explica Jesús a continuación; la de la semilla que crece (Mc 4,26-29); la del grano de mostaza (Mt 13,31-32; Mc 4,30-32), la de la cizaña (Mt 13,24-30), la de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7), la del siervo despiadado (Mt 18, 23-35), la de los obreros enviados a la viña (Mt 20,1-16), la de los dos hijos (Mt 21,28-32), la de los viñadores homicidas (Mt 21,33-42; Mc 12,1-11; Lc 20,9-18); la de los invitados a la boda (Mt 22, 1-14), la de las diez vírgenes (Mt 25,1-13), la de los talentos (Mt 25,14-30; Lc 19,12-27). Dos de las más conocidas aparecen solo en el Evangelio de Lucas: se trata de las parábolas del samaritano (Lc 10,30-37) y del hijo pródigo (Lc 15,11-32). En las parábolas, utiliza Jesús frecuentemente imágenes relacionadas con la vida campesina.

Mantuvo controversias con miembros de algunas de las más importantes sectas religiosas del judaísmo, y muy especialmente con los fariseos, a quienes acusó de hipocresía y de no cuidar lo más importante de la Torá: la justicia, la compasión y la lealtad (Mt 12, 38-40; Lc 20, 45-47)

La originalidad de su mensaje radicaba en la insistencia en el amor al enemigo (Mt 5,38-48;Lc 6, 27-36) así como en su relación estrechísima con Dios a quien llamaba en arameo con la expresión familiar Abba (Padre) que ni Marcos (Mc 14,36) ni Pablo (Rm 8, 15; Gal 4, 6) traducen. Se trata de un Dios cercano que busca a los marginados, a los oprimidos (Lc 4, 18) y a los pecadores (Lc 15) para ofrecerles su misericordia. La oración del Padre nuestro (Mt 6,9-13: Lc 11,1-4), que recomendó utilizar a sus seguidores, es clara expresión de esta relación de cercanía con Dios antes mencionada.

Según los evangelios, durante su ministerio Jesús realizó varios milagros. En total, en los cuatro evangelios canónicos se narran veintisiete milagros, de los cuales catorce son curaciones de distintas enfermedades, cinco exorcismos, tres resurrecciones, dos prodigios de tipo natural y tres signos extraordinarios.

Jesús, como otros muchos destacados dirigentes religiosos y filósofos de la Antigüedad, no escribió nada, o, al menos, no hay constancia alguna de que así haya sido. Todas las fuentes para la investigación histórica de Jesús de Nazaret son, por lo tanto, textos escritos por otros autores. El más antiguo documento inequívocamente concerniente a Jesús de Nazaret es el llamado papiro P52, que contiene un fragmento del Evangelio de Juan y que data, según los cálculos más extendidos, de hacia 125, es decir, aproximadamente un siglo después de la fecha probable de la muerte de Jesús (hacia el año 30).

http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110202195003AAKhpE6

NOTA DE LA PROFESORA:
REVISA EN LA BIBLIA LOS SIGUIENTES  VERSÍCULOS  PARA QUE ELABORES UNA OPINIÓN POR ESCRITO DE CADA UNO DE ELLOS Y LOS COMPARTAS CON TUS COMPAÑEROS EN EL SALÓN DE CLASES:
·         Mateo 5:1-12
·          Mateo 7:1-5
·         Mateo 7: 17-20

·         Lucas 6: 27- 34

La filosofía de Sor Juana Inés de la Cruz

El Universo filosófico de Sor Juana
Para poder apreciar, más en particular, las influencias filosóficas que se hallan en Sor Juana, daremos una especie de mapa cosmográfico de las corrientes filosóficas que confluyen en ella. Son varias las corrientes que concurren hacia ella. Por un lado se encuentra la inevitable escolástica, la línea oficial en la colonia, sobre todo en el sendero de Santo Tomás de Aquino, el tomismo. Esa vertiente está cargada de la tradición de Aristóteles y los desarrollos que añadió el Aquinate, recogiendo muchas otras cosas de la Edad Media. También estaba la filosofía hermética, la cual había sido fomentada mucho en el Renacimiento, y era un eclecticismo muy fuerte, que pretendía reunir enseñanzas que se habían desplegado desde la más remota antigüedad, a partir del mitológico Hermes Trismegisto en Egipto. Pero más bien era un conglomerado de doctrinas neoplatónicas del helenismo, como fue mostrado por Isaac Casaubon ya en el año 16142. Finalmente, pueden señalarse rasgos de incorporación de la modernidad, sobre todo de Descartes, quien era estudiado, entre otros, por el amigo de Sor Juana, el catedrático de matemáticas y astronomía en la Universidad Mexicana, Don Carlos de Sigüenza y Góngora. Tenemos, así, tres corrientes principales (que a su vez agregan otras corrientes), a saber, tomismo, hermetismo y racionalismo cartesiano. Tal vez este último, el cartesianismo, pigmentó a Sor Juana de cierto escepticismo, muy acorde con el criticismo del filósofo francés iniciador de la modernidad.
Tanto el neoplatonismo como el hermetismo han sido señalados en el pensamiento de Sor Juana. El neoplatonismo, por Robert Ricard y por Octavio Paz3. El hermetismo, por Carl Vossler, por Francisco de la Maza, por el mismo Ricard, por Paz y por Elías Trabulse4. Igualmente se ha resaltado su modernismo cartesiano, por obra de Francisco López Cámara, José Gaos, Rafael Moreno y Laura Benítez5. Pero el tomismo de Sor Juana lía sido escasamente tratado. A veces se lo ha mencionado en forma de aristotelismo, como por Ramón Xirau y José Pascual Buxó6. Propiamente de su tomismo, algo dijo de él Alfonso Méndez Plancarte, en algunas notas al Primero sueño; Octavio Castro López lo menciona en un par de páginas de su comentario a ese poema; y C. M. Montross en un libro, pero sólo en el plano de la ética y no en el de las otras partes de la filosofía7. A resaltar esta vena escolástica sorjuaniana hemos dedicado otros trabajos8. Haremos un balance de esas influencias y cómo se presentan en Sor Juana, insistiendo en esa presencia de la escolástica que hemos venido señalando.
  —2→  
Escolástica
Una cosa que llama mucho la atención es que en las bibliografías se reportan unas súmulas de lógica escritas por Sor Juana, ahora perdidas9. Es lástima que no se conserve esa obra lógica de la monja, ya que nos mostraría muy a las claras su vena escolástica, pues no había nada más escolástico que las súmulas. Eran éstas unos compendios (de ahí su nombre, proveniente del latín, de «súmulas» o pequeñas sumas) en que se albergaba lo más esencial de la dialéctica. Encontramos también mención de las súmulas en la Respuesta a Sor Filotea, donde dice: «Todo esto pide más lección de lo que piensan algunos, que, de meros gramáticos, o, cuando mucho, con cuatro términos de Súmulas, quieren interpretar las Escrituras y se aferran del Mulieres in Ecclesia taceant, sin saber cómo se ha de entender»10. Se refiere a los que quieren hacer exégesis bíblica sin suficiente preparación, no sólo teológica sino también filosófica; que apenas han cursado la gramática y un poco de la filosofía, representada en la disciplina más básica de las que la configuran, a saber, la lógica, en las súmulas que son su comienzo, antes de la dialéctica, y de ello sólo un poco también, apenas algunos conceptos.
En la misma Respuesta a Sor Filotea alude Sor Juana a la lógica como una disciplina auxiliar de la teología, sobre todo y precisamente para la interpretación de la Escritura, para la cual es necesarísima. Dice: «Proseguí dirigiendo siempre los pasos de mi estudio a la cumbre de la Sagrada Teología; pareciéndome preciso, para llegar a ella, subir por los escalones de las ciencias y artes humanas; porque ¿cómo entenderá el estilo de la Reina de las Ciencias quien aún no sabe el de las ancillas? ¿Cómo sin Lógica sabría yo los métodos generales y particulares con que está escrita la Sagrada Escritura?...»11. Junto con ella agrupa las demás partes de la filosofía, que sirven de criadas al saber teológico.
Muchos textos de Sor Juana son paradigmáticos de su conocimiento y utilización de la escolástica. Pero atenderemos ahora al Primer sueño, donde encontramos varios pasajes que lo indican. En él aparecen, de entrada, alusiones a la filosofía del hombre. Se enumeran las facultades cognoscitivas del ser humano, y entre ellas son mencionados los sentidos internos. En la escolástica eran cuatro: el sentido común, la fantasía o imaginación, la cogitativa o estimativa y la memoria sensitiva. Sor Juana equivoca un poco el nombre de la cogitativa, y la llama «estimativa», que era más bien el nombre con el que se designaba esa facultad en los animales: el hombre tenía cogitativa y los animales estimativa. O tal vez en ese momento se usaban de manera indistinta e intercambiable. La   —3→   cogitativa era muy importante, pues se dedicaba a percibir las representaciones que no eran captadas por los sentidos (intentiones insensatae)12. El sentido común no era tanto lo que hoy entendemos por él, sino lo que daba unidad a los datos de los sentidos propios o particulares, que eran los cinco ya consabidos. La memoria sensitiva guardaba en su reservorio los datos de los sentidos, tanto externos como internos. Por lo que hace a la fantasía, Sor Juana la ve como una especie de pintor:

... así ella, sosegada, iba copiando
las imágenes todas de las cosas,
y el pincel invisible iba formando
de mentales, sin luz, siempre vistosos
colores, las figuras
no sólo ya de todas las criaturas
sublunares, mas aun también de aquellas
que intelectuales claras son Estrellas...13


Para el funcionamiento del conocimiento sensible y del inteligible, los escolásticos ponían las especies (cf. v. 403), o representaciones mentales de las cosas, que eran las formas mismas de los objetos que en ellas tenían un ser físico, y en el alma un ser psíquico o intencional, signo interior de las cosas. Las especies intelectivas (no las sensitivas) eran los conceptos. Mas, dado que muchos nominalistas negaban estos intermediarios cognoscitivos, Sor Juana pone buen cuidado en subrayar que son indispensables para el funcionamiento del conocer:

... como el entendimiento, aquí vencido
no menos de la inmensa muchedumbre
de tanta maquinosa pesadumbre
(de diversas especies conglobado
esférico compuesto),
que de las cualidades
de cada una, cedió...14


Cómo se ve la desesperación de nuestra monja jerónima al atender a las especies o conceptos confusos, que se obtienen muchísimas veces, cuando no es alcanzable un conocimiento distinto y preciso. Eso ocurría con su entendimiento,

... permitiéndole apenas
de un concepto confuso
—4→
el informe embrión que, mal formado
inordinado caos retrataba
de confusas especies que abrazaba...15


Allí señala bien la teoría aristotélico-escolástica del conocimiento como información, en el sentido de recibir las formas de las cosas en el alma. Pero como en muchos casos es una información defectuosa, la llama «informe embrión», confeccionado con especies confusas o conceptos imprecisos. Avanzando a otra disciplina filosófica, Sor Juana habla de la física aristotélica, la que apenas estaba siendo suplantada por la cartesiana, ya no cualitativa, sino cuantitativa, ya no dinamicista, sino mecanicista. Pero nuestra monja jerónima todavía guarda mucho de esa física escolástica, por ejemplo cuando habla de Dios como causa final hacia la que tienden todas las cosas, causalidad que iba a ser excluida de la nueva ciencia. Dice:

... y a la Causa Primera siempre aspira
-céntrico punto donde recta tira
la línea, si ya no circunferencia,
que contiene, infinita, toda esencia-16.


Igualmente es escolástica la partición que nuestra monja admite del alma en vegetativa, sensitiva y racional, división a la que Descartes fue muy opuesto. También aborda la metafísica, la más subida de las ciencias humanas. Ya al mencionar las causas lo hacía, pero también lo hace ahora al hablar de las categorías. Son las diez categorías aristotélicas: la substancia y nueve accidentes, a saber, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, situación y hábito. Eran el esquema de predicamentos en los que tenían que caber todas las cosas; por eso ella tenía que hacer esto:

... una por una discurrir las cosas
que vienen a ceñirse
en las que artificiosas
dos veces cinco son Categorías17.


Podría desconcertar el que Sor Juana llame «artificiosas» a las categorías. Estaríamos tentados a interpretar eso como otro rasgo más del fuerte criticismo y sutil escepticismo de la monja, como crítica o incluso oposición y rechazo de la teoría tradicional, signo de su modernidad o, por lo menos, de su libertad de espíritu. Pero no parece serlo, sino más   —5→   bien algo menos peyorativo. Octavio Castro nos dice que «artificiosas» debe entenderse no como «artificiales» o «arbitrarias», sino como «ingeniosas»18. Es decir, no como contrapuestas a lo natural en cuanto antinaturales, sino como obra del ingenio humano, que reflejaba lo natural. Aunque siempre queda abierta la duda de si estaba en verdad criticando al aristotelismo.
Un indicio de que tal vez no era crítica del aristotelismo en bloque es que a Sor Juana no se la ve rechazar la metafísica, sino plantearla como camino de conocimiento, aunque ciertamente con reservas. Su propuesta principal es la reducción metafísica. La reducción o resolución -ambos nombres le daban los escolásticos- era el análisis de los griegos, principalmente tal como lo había expuesto Aristóteles. Tal reducción era un ascenso inductivo por el que se resolvían las cosas en sus principios y causas más universales. En cambio, el análisis de los modernos, como el de Descartes y Leibniz, consistía en descomponer las nociones en partes cada vez más simples. Después de llevar las cosas a sus causas y principios, se realizaba la composición o síntesis, que era el descenso opuesto, el camino deductivo, por el cual se daba cuenta explicativamente de todas las cosas a partir de esos principios encontrados. La metafísica era al mismo tiempo intelecto y ciencia, intuición y discurso, pero preponderantemente intuición, por ser inducción, más que deducción. Sin embargo, Sor Juana, alegando que la intuición intelectiva no puede brindar el conocimiento firme, lo coloca en el discurrir argumentativo, aunque para darse cuenta luego de que tampoco éste colma sus aspiraciones.

(... reducción metafísica que enseña
los entes concibiendo generales
en sólo unas mentales fantasías
donde de la materia se desdeña
el discurso abstraído)
ciencia a formar de los universales,
reparando, advertido,
de no poder con un intüitivo
conocer acto todo lo crïado,
sino que, haciendo escala, de un concepto
en otro va ascendiendo grado a grado
y el de comprender orden relativo
sigue, necesitado
del de entendimiento
limitado vigor, que a sucesivo
discurso fía su aprovechamiento...19



 
—6→  

Cuando se topa Sor Juana con este fracaso de lo filosófico, en sus más altas expresiones, da paso a la teología, que conoce con la fe, más que con la razón, y sobrepasa su conocimiento racional con un conocimiento místico. Más que una racionalista cartesiana, vemos que Sor Juana es como algunos escolásticos que, desde un sistema a veces muy cerrado y pesado, llegaron, después de criticarlo, a una postura mística de fe por encima de todo. Pensamos en el canciller Juan Gerson y aun en Nicolás de Autrecourt, ambos del siglo XIV20.

(...)

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